¿Quién despide a quién? El día que un agente de IA diga que sobras en la empresa

Equipo Comunicacion
Equipo Comunicacion 18/11/2025
    IA en recursos humanos – Pasiona

    Hasta ahora, la inteligencia artificial se presentaba como un copiloto destinado a ayudar a las personas en sus tareas diarias: redactar correos, resumir informes o analizar grandes volúmenes de datos. Pero el discurso empieza a mutar. Cada vez más organizaciones experimentan con agentes de IA capaces de medir productividad, generar métricas de desempeño y recomendar reorganizaciones de plantilla. Y con ello surge un debate inquietante: ¿qué ocurrirá el día en que sea un sistema digital quien sugiera que un trabajador ya no es necesario?

    De la eficiencia al dilema ético

    El atractivo de estos sistemas es innegable. En entornos donde la eficiencia es la prioridad, la IA puede identificar cuellos de botella, detectar redundancias o señalar tareas repetitivas que podrían automatizarse. En teoría, la promesa es liberar a los equipos para que se concentren en trabajos de mayor valor.

    Sin embargo, el reverso plantea un dilema ético de gran calado. Cuando un agente de IA recomienda prescindir de una función o de una persona, ¿quién asume la responsabilidad de esa decisión? ¿El algoritmo que hizo el cálculo? ¿El proveedor tecnológico que lo entrenó? ¿O el comité de dirección que confió ciegamente en sus recomendaciones?

    El riesgo no es solo laboral, sino reputacional. Una compañía que permita que una IA dicte despidos puede verse atrapada en una tormenta social y legal de consecuencias imprevisibles.

    La sombra del sesgo

    Los sistemas de inteligencia artificial no son neutrales. Se entrenan con datos históricos que reflejan patrones humanos —y, por tanto, también prejuicios humanos—. Ya lo advertía Cathy O’Neil en su influyente obra Weapons of Math Destruction: los algoritmos pueden convertirse en “armas de destrucción matemática” cuando amplifican sesgos en lugar de corregirlos.

    Un agente que evalúe productividad podría, sin querer, penalizar a quienes trabajan de forma menos visible —como tareas de soporte o gestión emocional en un equipo— y favorecer a quienes producen entregables medibles. Lo que parece una decisión objetiva puede, en realidad, reforzar desigualdades invisibles.

    El miedo social como motor de titulares

    No es casualidad que en redes sociales y foros laborales haya aumentado la conversación sobre si la IA “nos quitará el trabajo”. El informe de Goldman Sachs publicado en 2023 ya estimaba que hasta 300 millones de empleos en todo el mundo podrían verse afectados por la automatización derivada de la IA generativa. Aunque las cifras se matizan según sectores y países, la idea cala en la opinión pública: la inteligencia artificial no solo ayuda, también puede sustituir.

    Y pocas frases generan tanto impacto como la posibilidad de que un algoritmo decida que alguien sobra.

    Marcos responsables: la respuesta empresarial

    Ante este escenario, desde Pasiona creemos que la clave no es negar el potencial de la IA, sino establecer límites claros.
    Defendemos que los agentes generativos deben concebirse como herramientas de empoderamiento, nunca como jueces laborales.

    Nuestra propuesta pasa por plataformas como AIgents Manager, que permiten a las organizaciones coordinar múltiples agentes de IA de manera controlada, con trazabilidad y auditoría de cada recomendación. La premisa es sencilla: la IA puede sugerir, pero la última palabra debe seguir siendo humana.

    Para quienes quieran profundizar en esta visión, hemos publicado un whitepaper sobre AIgents Manager en el que detallamos los marcos éticos, técnicos y estratégicos necesarios para que la inteligencia artificial se convierta en una infraestructura de confianza dentro de las organizaciones.

    ¿Puede la IA recomendar despidos?

    La respuesta, en sentido estricto, es que ya lo hace en algunos casos. Grandes plataformas de recursos humanos incorporan módulos de IA que sugieren reestructuraciones de plantilla en base a datos de desempeño y coste. Lo que cambia es el grado de automatización: mientras algunas compañías limitan el rol de la IA a un análisis preliminar, otras coquetean con sistemas que proponen directamente a quién sustituir o qué tareas eliminar.

    El problema es que esas sugerencias pueden convertirse, en la práctica, en decisiones automáticas. Si un comité recibe un informe “objetivo” con métricas de IA, la tentación de seguirlo al pie de la letra es enorme.

    Reputación en juego

    Más allá de la eficiencia, las empresas deben considerar su capital más frágil: la confianza. Un titular que diga que “una IA despidió a un trabajador en X compañía” puede convertirse en un caso viral con un coste reputacional devastador. La sensibilidad social hacia la precarización laboral es alta, y el papel de la tecnología en la sustitución de empleos genera una atención mediática inmediata.

    Por eso, la tendencia más responsable es marcar líneas rojas claras: la IA puede elaborar informes, generar métricas y señalar áreas de mejora, pero nunca tomar decisiones definitivas sobre personas.

    Un futuro inevitable, pero gobernable

    Los expertos coinciden en que la automatización seguirá avanzando y afectará a millones de puestos de trabajo. La cuestión es cómo gestionamos esa transición. Igual que en su día la revolución industrial desplazó profesiones pero generó otras nuevas, la inteligencia artificial transformará el mercado laboral en direcciones que todavía son difíciles de prever.

    El reto para las empresas será doble: aprovechar la potencia de la IA sin caer en la tentación de convertirla en árbitro laboral, y demostrar con hechos que sus valores éticos están por encima de la fría lógica de un algoritmo.

    Conclusión: gobernar la IA antes de que gobierne el empleo

    La imagen de un agente digital firmando una carta de despido es todavía simbólica, pero apunta a un debate real que marcará la próxima década. El día en que un algoritmo recomiende que un empleado sobra, la respuesta no puede ser un simple “lo dijo la máquina”.

    El futuro del trabajo no está en elegir entre humanos o máquinas, sino en construir marcos donde la inteligencia artificial refuerce a las personas sin despojarlas de su dignidad. Las compañías que sepan anticipar este dilema, estableciendo transparencia, auditoría y límites claros, estarán no solo a salvo de titulares virales, sino también mejor posicionadas para liderar en un mercado cada vez más sensible a la ética y a la confianza.

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