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Shu-ha-ri, o la madurez Agile

15/09/2022

    Como sabéis, Agile es una metodología que proporciona marcos de trabajo para una rápida adaptación y mejora de la colaboración de todos los miembros de los equipos involucrados en el desarrollo de un proyecto, producto o iniciativa. Podéis leer el siguiente post donde indicamos las claves de su aplicación en el desarrollo software. Pero, ¿cómo implantarlo? ¿Existe una madurez Agile, tal y como pueden existir en otras prácticas? A continuación, os explicamos cómo hacerlo siguiendo una antigua técnica oriental.

     Definición Shu-ha-ri

    «Aprender las normas es sencillo. Adaptarlas, natural. Romperlas, un signo de madurez. Innovar, la excelencia».

    El shu-ha-ri es un concepto propio de las artes marciales japonesas que se utiliza para describir las sucesivas etapas de un aprendizaje hasta llegar a la maestría. Al parecer, su origen está en el aikido, aunque algunos lo sitúan como más antiguo. El término está compuesto por la unión de tres palabras, cada una describe una etapa de este camino hacia la perfección, a saber:

    • Shu, significa proteger u obedecer
    • Ha, desapego o desprendimiento
    • Ri, liberarse, dejar o transcender

    Permitidnos en este punto citar al maestro de aikido Seishirō Endō:

    «Es sabido que, cuándo aprendemos o nos entrenamos en algo, pasamos a través de las etapas de shu, ha, y ri. En shu, repetimos las formas y nos disciplinamos de modo que nuestros cuerpos absorban las formas que nuestros antecesores crearon. Seguimos fieles a estas formas sin desviación. Luego, en la etapa de ha, una vez nos hemos disciplinado para adquirir las formas y movimientos, hacemos innovaciones. En este proceso las formas pueden ser rotas y descartadas. Finalmente, en ri, nos libramos por completo de las formas, abrimos la puerta a la técnica creativa, y llegamos a un lugar en que actuamos de acuerdo con lo que nuestro corazón/mente desea, sin límites más allá de las leyes».

    Madurez Agile

    Ya en nuestro campo, en los últimos años, se ha tomado prestado este concepto para aplicarlo al desarrollo del software en general y a la gestión ágil de equipos en particular (en realidad, se puede aplicar a casi cualquier ámbito) y su madurez. Hace ya más de una década que desde pasiona formamos equipos autoorganizados mediante los diferentes marcos de trabajo Agile (Scrum, Kanban…), les enseñamos las reglas y cómo aplicarlas en el día a día. Si bien este es el punto de partida, sabemos que no es suficiente y nos preguntamos a menudo: ¿y ahora qué? Veamos como el shu-ha-ri nos muestra lo que podría ser una muy buena vía para la aplicación de metodologías en un equipo de trabajo y alcance de su madurez Agile.

    El Shu, o primera fase del aprendizaje, es la más sencilla. En ella enseñamos un Scrum clásico, por ejemplo. Explicamos las normas, formamos a los equipos, definimos los roles y enseñamos buenas prácticas. Y así debe ser, porque sentar una buena base es la clave en cualquier aprendizaje, y con la agilidad no iba a ser menos. Porque es también un aprendizaje, ¿verdad?

    Pero en esta fase seguimos los pasos de una técnica más o menos a rajatabla. Esta fase es necesaria, imprescindible, pero claramente insuficiente. Realmente no hay una comprensión profunda, solo un entendimiento. En las artes marciales, este estado podrían ser todos los cinturones, desde el blanco antes de llegar al negro. La madurez Agile no radica en si hacemos todos los eventos a rajatabla o clavamos los sprints… La madurez agile se logra cuando transformamos nuestra manera de SER, de observarnos como equipo y organización. En la fase de Shu solo se trabaja la acción, el HACER.

     

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    La segunda fase, la del Ha o desapego, es mucho más interesante. Muchos equipos encaran este nivel de forma natural, pero otros tantos se quedan en el camino. ¿Miedo, inseguridad? ¿Scrumdamentalismo? Quien sabe. En cualquier caso, en este estado, las personas y el equipo dominan la metodología, la comprenden, y deciden ir más allá. Esto es debido a que dicha técnica no les satisface plenamente, ven que pueden hacer esto o lo otro de otra manera, o se han frustrado (incluso enojado) porque Scrum, eso que les prometieron que les iba a hacer trabajar mejor, no ha cumplido con sus expectativas (nota mental: nunca decir eso a tus equipos, pero es igual, hay quien igualmente va a tener esa expectativa).

    Este es un paso natural y necesario. Ajustas o rompes directamente las normas establecidas con el objetivo de mejorar, de encontrar solución a tus problemas. Al fin y al cabo, el sentido de cualquier procedimiento debería ser probarlo… y, si algo no te funciona, ajustarlo. Pero seguimos atados a la técnica. Siguiendo el símil, en las artes marciales aquí tendríamos al cinturón negro… eres ya un maestro, tienes el conocimiento… y un mundo entero por delante. Aquí te adaptas, juegas, pruebas esto o lo otro, tienes todo lo que hay que tener.

    Tercera fase, Ri. Es el momento de trascender, de llegar a la verdadera maestría. No teniendo suficiente con entender y luego ajustar y romper, damos un paso más y nos liberamos de la técnica. Mejor: creamos nuestra propia técnica, innovamos. No podríamos haber llegado aquí sin pasar por todo lo anterior, y todo lo anterior da sentido al punto actual. Es debido a todo nuestro recorrido que somos capaces de volar por nuestra cuenta y trascender. Y aquí una advertencia: cualquier intento de llegar a este nivel sin haber pasado por los anteriores será un fracaso asegurado, puesto que la capacidad de innovar, y de hacerlo bien, solo nos la facilita la experiencia y el aprendizaje.

    Es común que, tras llegar a la tercera fase, los equipos revisen continuamente sus nuevas técnicas a raíz de las innovaciones aplicadas. Volviendo a la fase anterior hasta llegar de nuevo a la fase del Ri, siendo un proceso totalmente iterativo. ¿A alguien le suena esto y su similitud con un sprint? Como se puede observar, la madurez en Agile, como en la vida en general, no acaba nunca.

    Desde luego, pocos llegan a este nivel. En nuestro campo…y también en el aikido. Pero creemos que ha de ser nuestro firme objetivo, por lejano que se vislumbre en el horizonte. Al punto de innovar, de crear nuevas soluciones basándonos en el conocimiento adquirido. En ese punto, ya rozando la excelencia, el alumno ha aprendido todo del maestro, lo ha abandonado, ha creado su propia arte marcial y la enseña a otros alumnos. A ello aspiramos, humildemente, como acompañantes en la implantación Agile. Enseñamos a los equipos todo lo que sabemos tras largos años de aprendizaje, los acompañamos en el proceso. Pero invariablemente el camino los lleva a que vuelen solos… Desde nuestro punto de vista, esta es realmente la madurez Agile.

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